NUESTRA HISTORIA



Hace miles de años el filósofo griego Teofrasto escribió
La historia de las plantas, una de las obras más importantes jamás escritas sobre plantas. A él se le atribuye la invención de la botánica como ciencia en Occidente.

Para Teofrasto, las plantas eran más que herramientas medicinales o gastronómicas: lo asombraban por sus formas de reproducirse, de crecer, y por sus distintos elementos —raíces, tallos, hojas, frutos.

De aquí surge el nombre de Botéo: Bo de botánica, téo de Teofrasto.

Al igual que Teofrasto, yo crecí asombrado por las plantas.

Crecí subiéndome a fresnos y olmos. Me espiné con nopales y tunas. Acompañé a mi abuela a recoger moras y tejocotes. Me perdí en la milpa, tejí ramas de sauce, fumé tabaco y grabé mi nombre en pencas de maguey.

Las plantas nos dan de comer, nos visten, nos curan, nos permiten respirar, hacer muebles, generar calor, y hasta nos emborrachan para bailar.

Estamos vivos gracias a las plantas.


 

Crecí cerca de la tierra. De ella saqué rábanos y tesoros escondidos. En la tierra encontré insectos que me asustaron, y raíces que me tropezaron. Me caí en el lodo tantas veces como lo usé para crear vasijas jamás quemadas.

De la tierra crecen las plantas y, tal como las raíces, las manos de quienes hacen alfarería le dan forma a la tierra. Con barro y cerámica nos acercan la tierra —y las plantas— a casa.

Gracias a la tierra viven las plantas.

Empecé Botéo para alimentar nuestro profundo lazo con las plantas, y para apreciar cómo la tradición alfarera nos permite contener sus raíces.


Para eso, recorrí distintos estados de México coleccionando macetas. Conocí familias alfareras que llevan generaciones dándole forma al barro de Michoacán, Oaxaca y Jalisco, cada una con su propia técnica, su propio color, su propia manera de entender la tierra. Y conocí también a familias viveristas, que como esos alfareros, dedican su vida a algo que crece despacio y que hay que saber cuidar.

En cada taller y en cada vivero encontré la misma certeza: que México tiene una relación con la tierra y con las plantas que es profunda, diversa y viva. Botéo existe para celebrar esa diversidad alfarera y vegetal de México.

  

foto de Neige Thebault